Las técnicas de análisis fractal ayudan a entender
las redes de fracturas de los macizos rocosos y las microestructuras
de los minerales.
Dado que la prospección en busca de yacimientos minerales
filonianos resulta difícil y costosa por su errática
distribución, contar con un método científico
para localizarlos con más acierto supondría una
gran ayuda. Este fue el planteamiento básico que en 1987
llevó a Pablo Gumiel, geólogo del Instituto Geológico
y Minero de España (IGME), junto a otros colegas, a aplicar
la Geometría fractal al estudio de los aparentemente caóticos
sistemas de filones para poder diferenciar los ricos en mineral
de los estériles. Desde aquella innovadora idea hasta ahora,
el investigador ha consolidado un grupo que aplica técnicas
de fractales a otras áreas de la Geología, especialmente
a microestructuras y redes de fracturas.
Patricia Serrano Antolín

Pablo Gumiel Martínez
La actividad investigadora de Pablo Gumiel comenzó en el
IGME en 1976, con su participación en diversas campañas
de exploración minera para la búsqueda de mineralizaciones
de estaño, wolframio, antimonio, plomo-zinc, y oro en varias
Reservas del Estado en Extremadura. Gumiel cuenta que, desde la
División de Minería de entonces, hoy Unidad de Recursos
Minerales, Riesgos Geológicos y Geoambiente, se encargó
de la zona de Extremadura y que con el tiempo, ésta se ha
convertido en su área de trabajo habitual. De hecho fue mientras
desarrollaba un proyecto allí cuando nació la idea
"pionera" de aplicar técnicas de análisis
fractal al estudio de yacimientos filonianos.
En 1987, en colaboración con la Universidad de Southampton,
el equipo del IGME dirigido por Gumiel, llevaba a cabo una investigación
en la zona de la Codosera, en Badajoz, sobre métodos de exploración
minera de cara a valorar los yacimientos de oro y otros metales
preciosos en la zona. Era la época en que comenzaba la crisis
de la minería, con la entrada en el mercado de nuevos competidores,
que distribuían minerales a precios muy bajos, y con la paulatina
sustitución de éstos por nuevos materiales.
Mediante el análisis de los datos de unas 11.000 venas, se
observó que los sistemas de fracturas se podían caracterizar
a través de dimensiones fractales
El geólogo recuerda como "una tarde hablaba con el
profesor D.J. Sanderson, de la Universidad de Southampton y con
R. Campos, miembro del equipo y que actualmente trabaja en el CIEMAT,
sobre lo costosa que era la investigación con sondeos - un
metro de sondeo podía suponer unas 10.000 pesetas de las
antiguas- y comentábamos que se necesitaría de algún
método para hacerla más productiva en ese marco cada
vez más competitivo".
La dificultad que hace que las prospecciones orientadas a encontrar
yacimientos filonianos no sean siempre fructíferas es la
distribución errática de algunos minerales, como es
el caso del oro. "Se hace un sondeo en un punto, por ejemplo
en unas venas de cuarzo, y se encuentra mineral, pero se hace a
dos metros, en otras venas de cuarzo, y ahí no se encuentra,
cuando estructuralmente los dos conjuntos de venas parecen iguales".
Para enfrentarse a esa aleatoriedad natural de una manera más
exitosa, el geólogo español y su colega inglés
se plantearon que "había que encontrar algún
criterio aplicable y fácil de utilizar con el que poder discriminar
entre los filones ricos en mineral y los estériles".
Y para ello, se les ocurrió seguir las ideas de Benoit B.
Mandelbrot, "padre de la Geometría fractal", quien
trasladó a modelos matemáticos formas y procesos de
la naturaleza que se consideraban irregulares. En aquellos años,
los fractales se empezaban a aplicar en investigaciones en otras
ramas del conocimiento por ejemplo, en Física o Biología,
pero nadie lo había hecho aplicado a la exploración
de yacimientos minerales. Gumiel y Sanderson decidieron probarlo
en el área de la prospección minera y el resultado
fue muy prometedor.
Red de fracturas
Estudiar las fracturas
Las concentraciones minerales en forma de filones son el resultado
de la circulación de un paleofluido mineralizador a través
de un entramado de fracturas en una determinada zona de la corteza
terrestre.
Esas fisuras de un macizo rocoso, producidas por la constante deformación
de las rocas de la corteza terrestre que provocan los movimientos
tectónicos, crecen y se conectan hasta producir la percolación
que puede dar a la concentración mineral de interés.
Según explica Gumiel, en un primer estadio las fracturas
son muy pequeñas y están desconectadas, pero según
va incrementándose la deformación, tienden a hacerse
más largas, anchas y profundas, "dando lugar a las trampas
estructurales en las que se produce la percolación del fluido
y favorablemente puede formarse una concentración mineral".
Con el objetivo de entender cómo se producían esas
fracturas, y qué diferenciaba a las que albergaban mineral
de las que no, los investigadores empezaron estudiando los filones
mineralizados en oro, "que hoy día ha pasado a ser prácticamente
el único mineral con interés de cara a la prospección",
añade el investigador.
Uno de los procedimientos para caracterizar la geometría
de los objetos fractales, en este caso, de las redes de fracturas,
consiste en atribuir a cada grupo de objetos una cantidad numérica,
que coincide aproximadamente con la dimensión fractal. Una
forma de obtener esa cantidad, que es una aproximación a
la cuantificación de la organización geométrica
del conjunto de objetos que se va a estudiar, es utilizando una
serie de parámetros característicos de ese conjunto.
Al estudiar aspectos geométricos de procesos, la Geometría
fractal se puede aplicar a otros muchos campos de la Geología,
afirma Gumiel
En el caso de las redes de fracturas y venas, la forma de operar,
"relativamente sencilla", consistía en realizar
mediciones de parámetros, como la anchura y la longitud de
cada vena, el espaciado entre fisuras y los puntos de intersección
de las mismas. Para ello, aprovecharon principalmente afloramientos
rocosos, además de recabar numerosos datos de testigos de
sondeos de los realizados en las campañas de exploración
llevadas a cabo por el IGME. La fase de toma de datos transcurrió
a lo largo de aproximadamente tres años, en los que consiguieron
medir alrededor de 11.000 venas.
Y fue el análisis de toda esa información mediante
las técnicas fractales lo que condujo a las primeras conclusiones:
"Observamos que los sistemas de fracturas sí tenían
una organización, que se podía cuantificar mediante
una determinada dimensión fractal, es decir, se podían
discriminar los grupos mineralizados en oro de los estériles
porque presentaban dimensiones fractales distintas".
Tras estos primeros resultados, que se publicaron en un artículo
en la revista científica Economic Geology en 1991, Gumiel
decidió que "tenía que implicar más al
IGME" en esta línea, y para ello, impulsó, bien
como investigador principal bien como colaborador, una serie de
proyectos para profundizar en el conocimiento de la Geometría
de las redes de fracturas desde la perspectiva fractal. En ellos,
continuó trabajando con los investigadores ingleses a la
par que aumentaba el grupo y los colaboradores en España.
"Vamos obteniendo proyectos, principalmente subvencionados
por la DGICYT, de poca cuantía pero que nos permiten ir avanzando
en la línea". Así, han conseguido investigar
sistemas de fracturas en muy diversos tipos de rocas y filones mineralizados
de diferentes elementos, como el oro, el wolframio o el estaño.
Por ejemplo, se aplicó con éxito para avanzar en el
conocimiento de la red de fracturas y filones de la mina de wolframio
(scheelita) de La Parrilla (Cáceres) que es la más
rica de Europa en su género. Han realizado pruebas en distintas
zonas del Macizo Hespérico y de la Faja Pirítica,
en España, en la isla de Livingston, en la Antártida
-donde Gumiel estuvo en la campaña de 1999-, en la Patagonia
y Río Negro, en Argentina y en la zona de Cornualles, en
Inglaterra.
"En todas las organizaciones geométricas de tipo filoniano
estudiadas, y han sido muchas, hemos observado que las trampas estructurales,
el conjunto de fracturas que el fluido busca, presenta siempre características
semejantes de percolación, y dimensiones fractales del mismo
orden de magnitud. Que la mineralización filoniana sea de
oro, estaño o wolframio dependerá de otros factores
como los físico-químicos o los termodinámicos,
pero no de los estructurales".
Veamos un ejemplo a partir de un programa informático que
simula la generación de fracturas en un macizo rocoso, desarrollado
por el equipo de Gumiel (R.Hernández del IGME). El programa
simula longitudes, anchuras, conexiones de fracturas y demás
parámetros de esas venas y calcula las dimensiones fractales
de cada interacción, desde sistemas no conectados en los
que no hay percolación, hasta sistemas bien conectados en
los que se produce percolación. Cada etapa se puede caracterizar
por una determinada densidad de fractura y por un determinado espectro
de dimensiones fractales que son semejantes a muchos patrones naturales
de fracturas observados en la naturaleza.
Los datos obtenidos a partir del estudio de muchos sistemas filonianos
han servido para profundizar en el conocimiento de las redes de
fracturas y los modelos de percolación. Se parte de un conjunto
inicial de fracturas aisladas y distribuidas aleatoriamente en un
macizo rocoso las cuales tienen una distribución fractal
(D=1.0). Estas fracturas van creciendo proporcionalmente a su longitud
y potencia uniéndose por sus extremos. Cuando el 50% de las
fracturas han conectado la distribución pasa a tener una
dimensión fractal (D=0.8). Finalmente, cuando se conecta
el 75% de las fracturas se forma un "grupo de percolación"
a una determinada densidad de fractura, (cuya distribución
tiene menor dimensión fractal D=0.6-0.7); el sistema percola
a través de este grupo, el cual favorece el flujo localizado
de fluidos y el aumento de la deformación, y si las condiciones
físico-químicas son idóneas se puede producir
una determinada concentración mineral. "Y es ahí,
casi siempre con esas características geométricas,
cuando se produce percolación", explica el geólogo.
Pablo Gumiel, que habla de su trabajo y de Geología en general
apasionadamente, apunta las implicaciones que esta nueva metodología
de análisis puede tener. "Es fácil ver el avance
que supone disponer de un método que, cuantificando una serie
de parámetros, permita averiguar si un macizo rocoso fracturado
puede ser susceptible, dependiendo de las condiciones físico-químicas,
de albergar mineralización o no, abaratando en cierta medida
los costes que conlleva la exploración de yacimientos minerales".
Así, aunque se trata de una técnica teórica
en el marco de la investigación básica, "encaja
perfectamente en I+D+i porque las empresas pueden beneficiarse de
ella en un futuro".
Otras aplicaciones
A medida que la investigación en redes de fracturas y yacimientos
filonianos iba avanzando, se generaban nuevas líneas y grupos
de investigación, porque "el estudio de los fractales
sirve para abordar aspectos geométricos de procesos, y de
ahí se derivan muchos temas relacionados con la Geología".
Entre otros, es aplicable en sedimentología, estratigrafía,
tectónica, crecimiento de cristales, karstificación,
sismicidad o microestructuras.
El actual grupo de investigación, de carácter multidisciplinar
(compuesto por geólogos, matemáticos, geofísicos
e ingenieros informáticos), se centra en dos áreas
específicas: la aplicación de los fractales al análisis
de los diferentes aspectos relacionados con los terremotos y el
estudio de microestructuras, concretamente, del maclado de calcita
y sus implicaciones en los procesos de deformación.
Estudiar sismicidad desde esta perspectiva "es algo lógico
porque no se pueden separar las fracturas de los terremotos".
Esta línea se orienta a la búsqueda de relaciones
entre la distribución espacial de terremotos en los bordes
de placas y su relación con los tensores de esfuerzo existentes
en esas zonas. En ella, el grupo de Gumiel colabora con el equipo
de investigación ENCADENA, liderado por el Prof. C. Paredes,
del Departamento de Matemática Aplicada de la Escuela Técnica
Superior de Ingenieros de Minas de Madrid.
El proyecto de aplicación de fractales a las maclas (complejos
cristalinos formados en el crecimiento simultáneo y entrecruzado
de dos o más cristales) se sustenta en una de las propiedades
de la Geometría fractal, la invarianza a cambio de escala.
Cuando se deforman las rocas y se comprimen, se producen fracturas,
a un nivel macroscópico, y maclas, a una escala microscópica
El objetivo es, a grandes rasgos, "averiguar si el maclado
mecánico de la calcita cumple también las propiedades
de escalado fractal". Para ello, están analizando, bajo
la dirección del Prof. J.M. González-Casado, de la
Universidad Autónoma de Madrid, las maclas de muchas venas
de carbonatos en distintas zonas. Con esta línea, añade
el investigador, "estamos completando el análisis de
la deformación a todas las escalas y comprobando que todas
ellas obedecen leyes fractales".
"Se persiguen tres objetivos: aportar nuevos datos para establecer
las relaciones entre el tensor de deformación de una roca,
calculado mediante las maclas y otros métodos que reflejen
la deformación total; calibrar paleopiezómetros basados
en la densidad de maclas, que permitan establecer la magnitud de
los esfuerzos asociados con la formación de las estructuras
tectónicas, utilizando para ello una aproximación
novedosa como es el análisis fractal; y, por último,
establecer el grado de equivalencia entre los estudios de las maclas
en microvenas y en su roca caja con el objeto de ampliar las posibilidades
de aplicación de estas técnicas".
Y la deformación no es más que uno de los múltiples
procesos geológicos que se pueden analizar desde este tipo
de modelos matemáticos. Parece entonces, que aquella tarde
en que Gumiel y colaboradores concibieron la idea de aplicar técnicas
de Geometría fractal al estudio de yacimientos filonianos,
no dieron sólo con un buen método para discriminar
filones mineralizados de estériles, sino que abrieron todo
un nuevo campo de investigación en Geología en nuestro
país.
Al margen de los fractales
Pablo Gumiel Martínez tiene, junto a su evidente vocación
investigadora, un enorme interés hacia la divulgación
científica y la enseñanza. Y para "llenar esa
parte" de él, imparte clases como Prof. Asociado en
la Universidad de Alcalá y está también implicado
en las líneas de investigación de Patrimonio geológico
-Geología de los Espacios Protegidos- y Cartografía
temática ambiental.
La misión de la primera es divulgar el conocimiento geológico,
"acercar la Geología a la gente", al mismo tiempo
que reivindicar la importancia de la Geología en los procesos
bióticos. "No se puede desligar el medio físico,
es decir la roca, del suelo, de la vegetación y la fauna,
porque dependiendo de ésta, se tiene un determinado tipo
de suelo, y dependiendo del suelo una vegetación específica,
y según ésta, los animales de un determinado hábitat
o ecosistema".
Desde este planteamiento, Gumiel propuso a la Junta de Extremadura
la creación de una guía geológica del Parque
Natural de Monfragüe, (recientemente declarado Reserva de
la Biosfera por la UNESCO) proyecto que le concedieron y que ha
resultado en la publicación de la citada guía el
año pasado. Es el primer libro de estas características
que se edita en España, y "está teniendo mucho
éxito", añade. También ha elaborado
un documento con la Comunidad de Madrid sobre la influencia del
medio físico en la definición de un espacio protegido.
"Es muy importante hacer ver que todos los procesos están
interconectados, que todo es un conjunto".
Sobre la línea de Cartografía temática ambiental,
el prolífico geólogo explica que consiste en "unir
la geología con los recursos naturales. Los recursos naturales
y los minerales en particular tienen que ser estudiados dentro
de su contexto geológico". Con este proyecto, se generan
Mapas derivados o de "segunda generación", en
los que los recursos minerales se añaden a la base de los
mapas geológicos. De esta forma, los yacimientos minerales
se contemplan como "parte de un proceso geológico
global que sin duda ayuda a entender su localización y
proceso genético".